"Lo que Dios ha preparado para los que lo aman, ni el ojo lo ha visto, ni el oído lo ha escuchado." (1 Corintios 2, 9)
¡Esa es una declaración osada! San Pablo estaba diciendo que, por medio de la muerte y resurrección de Jesus, el Espíritu Santo ha revelado algo que nadie jamás ha visto u oído antes. Pablo dice que eso es "la sabiduría divina, misteriosa, que ha permanecido oculta y que fue prevista por Dios desde antes de los siglos, para conducirnos a la gloria" (1 Corintios 2, 7).
La gloria. Esa no es simplemente una frase cualquiera. Es la revelaci ón real que Dios ha manifestado: la promesa de que todo aquel que cree en Cristo puede ser glorificado, al igual que Jesus, el "Señor de la gloria", ahora es glorificado (1 Corintios 2, 8).
Medita en esa verdad por un momento. Los profetas y los reyes del pasado, grandes santos como Abraham, Isaias y Moises, todos tuvieron revelaciones maravillosas sobre el Señor y sus planes. Pero sólo ahora, después de la resurrección de Jesus, nuestra propia resurrecci ón ha sido tan claramente manifestada.
Es fácil reducir el evangelio a un mensaje sobre una vida correcta y la adhesión a un código moral que tenemos que esforzarnos por seguir. Es fácil reducirlo a un conjunto de principios que podemos adoptar. Pero una vez que comienzas a escuchar sobre el plan de
Dios para "conducirnos a la gloria", sabes que Jesus ha hecho algo por nosotros que jamás podríamos hacer por nosotros mismos. Su
muerte derrotó a nuestra muerte. Y su resurrección nos ha abierto el cielo a todos.
Esto es parte del plan "misterioso, oculto" que Dios ha manifestado en Cristo. Jesus, el Señor resucitado y glorificado, es nuestro
verdadero destino. ¡Él nos ha creado para el cielo! Lee la segunda lectura de hoy lentamente y en oración. Permite que las palabras
calen en tu corazón y te llenen de esperanza. ¡Tú fuiste creado para la gloria! Amén
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